miércoles, 29 de enero de 2014

Principio de un cuento sin final.

Si tuviera que empezar una especie de relato, me gustaría contarles como en todo lo que yo creía se desvaneció. La verdad es que no soy de escribir, pero en estos momentos en el que el cerebro esta harto de pensar, me dieron ganas de volcar mis leves pensamientos fuera de mi hemisferio izquierdo. o derecho, la verdad es que no tengo idea.
Digamos que todo comenzó una mañana húmeda y oscura en la Capital de Buenos Aires, mientras estaba terminando un jugo exprimido de naranja en el bar de la esquina. Era el último sorbo, cuando escuché un *click* en mi interior, como si proviniera de lo más profundo de mis huesos. El click era común y corriente, del tipo que solemos escuchar cuando apretamos el mouse, o cuando, por el calor se contraen o dilatan esos muebles antiguos de madera. Hablando de aquellos sonidos, vuelven a mí recuerdos de la infancia en los que visitaba a mi abuela Zara. Cuando me quedaba a dormir, por la noche me atormentaba ese silencio absoluto de una casa antigua y esos ruidos fantasmales, al intentar conseguir el sueño.
Como iba diciendo, y perdonen si me voy por las nubes… Al escuchar el click quedé inmediatamente paralizada, sin saber que hacer, me sentía una maquina, un objeto. ¿Como iba a escuchar un ruido semejante en mi interior? ¿Acaso soy un robot enviado de la Nasa? Y otras preguntas similares invadían mi ser.
Ya que no volví a escuchar nada parecido, decidí olvidarme y seguir con la rutina. Sisi, la rutina de siempre, de una persona normal como cualquier otra. Pedí la cuenta, pagué, y dejando una triste propina, me dirigí al trabajo.
Amo mi trabajo, digamos que soy una salvadora de la madre naturaleza, o así es como me gusta verme. Hoy me tocaba capacitar a unos alumnos de mi anterior escuela, enseñándoles a separar residuos y a hacer compost.
Sin darme cuenta del correr del tiempo, noté que eran las tres de la tarde, y mi estómago rugía del hambre. Me subí al colectivo y eran las cuatro cuando llegué a mi casa. De la nada sentí: PAUSA. Imposible de describir, pero de todas formas fue como si algún dios o ser superior estuviera jugando un videojuego con mi vida y tuvo que ir al baño y puso STOP, o algo por el estilo. Luego sentí el: PLAY, acompañado de ese sexto sentido que me decía que una misma mujer, del otro lado de la tierra, estuviera jugando o viviendo mi vida. Estaba en shock. Tantas sensaciones raras en un día, iban más allá de mis conocimientos y de cualquier tipo de sabiduría de la que nunca había oído y menos leído.

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