Si tuviera
que empezar una especie de relato, me gustaría contarles como en todo lo que yo
creía se desvaneció. La verdad es que no soy de escribir, pero en estos
momentos en el que el cerebro esta harto de pensar, me dieron ganas de volcar
mis leves pensamientos fuera de mi hemisferio izquierdo. o derecho, la verdad
es que no tengo idea.
Digamos que
todo comenzó una mañana húmeda y oscura en la Capital de Buenos Aires, mientras
estaba terminando un jugo exprimido de naranja en el bar de la esquina. Era el
último sorbo, cuando escuché un *click* en mi interior, como si proviniera de
lo más profundo de mis huesos. El click era común y corriente, del tipo que
solemos escuchar cuando apretamos el mouse, o cuando, por el calor se contraen
o dilatan esos muebles antiguos de madera. Hablando de aquellos sonidos,
vuelven a mí recuerdos de la infancia en los que visitaba a mi abuela Zara.
Cuando me quedaba a dormir, por la noche me atormentaba ese silencio absoluto
de una casa antigua y esos ruidos fantasmales, al intentar conseguir el sueño.
Como iba
diciendo, y perdonen si me voy por las nubes… Al escuchar el click quedé inmediatamente
paralizada, sin saber que hacer, me sentía una maquina, un objeto. ¿Como iba a
escuchar un ruido semejante en mi interior? ¿Acaso soy un robot enviado de la
Nasa? Y otras preguntas similares invadían mi ser.
Ya que no
volví a escuchar nada parecido, decidí olvidarme y seguir con la rutina. Sisi,
la rutina de siempre, de una persona normal como cualquier otra. Pedí la
cuenta, pagué, y dejando una triste propina, me dirigí al trabajo.
Amo mi
trabajo, digamos que soy una salvadora de la madre naturaleza, o así es como me
gusta verme. Hoy me tocaba capacitar a unos alumnos de mi anterior escuela,
enseñándoles a separar residuos y a hacer compost.
Sin darme
cuenta del correr del tiempo, noté que eran las tres de la tarde, y mi estómago
rugía del hambre. Me subí al colectivo y eran las cuatro cuando llegué a mi
casa. De la nada sentí: PAUSA. Imposible de describir, pero de todas formas fue
como si algún dios o ser superior estuviera jugando un videojuego con mi vida y
tuvo que ir al baño y puso STOP, o algo por el estilo. Luego sentí el: PLAY,
acompañado de ese sexto sentido que me decía que una misma mujer, del otro lado
de la tierra, estuviera jugando o viviendo mi vida. Estaba en shock. Tantas
sensaciones raras en un día, iban más allá de mis conocimientos y de cualquier
tipo de sabiduría de la que nunca había oído y menos leído.