sábado, 23 de febrero de 2013

Traveling by cho cho train.


El olor a vos, ese olor que ya no recuerdo. Las flores sin agua no crecen. Quiero olerte, a ver que tan bien hueles. A ver que tan bien me sostienes, con tus dedos rugosos y suaves al mismo tiempo. No se que decirte, mi estómago jamás se satisface. Mi vida da vueltas, yo doy vueltas. El mañana nunca llega, es como un día largo, interminable.
Quiero ver tus ojos brillar, quizás ahí me daré cuenta que sientes. Sólo lloro para saber si siento, pero no, sólo son gotas caer con gusto a dolor. Esa angustia, que me agarra cuando pienso en el infinito, solo desaparece entre tus brazos tibios y suaves.
Si fuera una hoja de papel o capaz un pedazo de cartón, estas palabras serían más sabias, concretas y a la vez indecisas. Qué digo.
Acércate, no quieres ser el vecino de mis brazos? El amante de mi llanto?.. Escucho el agua correr, las mini gotas salpicando en el asfalto, el agua volviéndose oscura al verla. Enséñame a ver como vos, a valorar como vos. Tan perfectos tus rasgos, tan perfectas tus células.
Y si, por si acaso te fallo en la misión de flotar entre los lazos de nuestro encuentro, quiero que sepas que mis intentos no valieron nada, solo una pizca de mis sueños rotos, o una rebanada de ese lapso entre realidad y fantasía.
Esta despierta esa sonrisa traviesa, que guardábamos en el cajón, por si acaso. Sacarla sería inútil, solo la puedo sacar a tu lado, entre tu piel.
Miremos a las aves volar en dirección contraria. Corramos por los prados, por el sendero del paraíso. Lleguemos a nuestro nido, nuestro oasis secreto. Ese lugar adentro de otro más pequeño, bien lejos de la mirada de cualquiera. Shh no le cuentes a nadie sobre nuestras sabanas lisas, sobre nuestras formas de hacernos reír. Calla que te van a oír por allá, donde dicen que todo lo que digo no es verdad.

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